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A lo anterior, se suman otros aspectos muy
favorables tales como su entorno natural diverso
y su ubicación privilegiada, en el
centro del país -muy cerca de dos puertos
importantes y con un aeropuerto ubicado a
menos de media hora del centro de la ciudad-.
La diversidad de su entorno se manifiesta
también en otros ámbitos,
como la combinación de su carácter
político-institucional -por ser la
ciudad capital del país- con actividades
industriales y de servicios de la más
variada índole.
Otros aspectos favorables, que se han potenciado
durante los últimos años,
son, por un lado, la creciente demanda observada
por una mayor participación ciudadana
en los múltiples organismos intermedios
y de base existentes en la sociedad civil,
así como en manifestaciones masivas
de la naturaleza más diversa.
Por otro lado, ya que en Santiago siguen
estando las casas centrales y los campus
de las universidades chilenas de mayor prestigio,
cuenta con una educación superior
y de posgrado de tal nivel que le confieren
una reputación y un prestigio de
vanguardia en América Latina.
Existen actualmente, una serie de características
que comparten las ciudades llamadas de clase
mundial y que, por ello, se constituyen
en requisitos para aquella urbe que pretenda
alcanzar esa categoría.
Tales exigencias son: un adecuado nivel
de coordinación de servicios, un
elevado nivel de conectividad de medios
y vías de transporte; una avanzada
tecnología en comunicaciones, redes
de información y conexiones; calidad
de la educación y capacitación;
diversidad étnica y cultural; un
entorno natural que ofrece buena calidad
de vida; bases económica sólidas
y equitativa distribución de los
bienes y recursos; y respeto a las leyes,
seguridad y libertad de expresión.
Santiago tiene la posibilidad real de llegar
a ser una ciudad-región de clase
mundial en los próximos años.
Esta oportunidad se sustenta en las grandes
ventajas hoy existentes -las cuales es preciso
aprovechar-: Santiago está categorizada
como una ciudad de categoría "gamma"
al mismo nivel que centros urbanos cono
Amsterdam, Barcelona o Washington. El país
cuenta con una estabilidad política
e institucional reconocida internacionalmente
por una serie de clasificadoras de riesgo,
consultoras y organismos de prestigio mundial.
Esto, a modo de ejemplo, ha permitido situar
a Chile, en forma indiscutida, como el país
menos corrupto de Latinoamérica.
Los aspectos señalados coinciden
en el tiempo con la proximidad del bicentenario
de Chile como una república independiente
y la existencia de la voluntad política
y ciudadana necesaria para la celebración
de ese aniversario.
Esta magnífica oportunidad contrasta
con la realidad que es posible constatar
hoy en el resto del vecindario latinoamericano,
conformado por países sumidos en
una multiplicidad de crisis económicas
y políticas alternadas con graves
estallidos sociales.
La mayor diferenciación que ha logrado
marcar Chile dentro de este sombrío
entorno, hizo posible la firma del Acuerdo
de Complementación con la Unión
Europea y del Tratado de Libre Comercio
con EE.UU., acontecimientos cuyas perspectivas
favorables no han sido debidamente valoradas
si tomamos en cuenta que se abre para nuestro
país un mercado potencial de 650
millones de consumidores con un elevado
poder comprador.
El proyecto Santiago Ciudad-Región
de clase mundial en el año 2010 atraviesa
por la superación de los problemas
que existen en aquellas áreas en
las que aún hay espacio para mejorar:
eliminar la extrema pobreza y lograr una
mayor equidad en la distribución
del ingreso y de las oportunidades; mejorar
los indicadores medioambientales, especialmente
los relacionados con calidad del aire, manejo
de residuos y disponibilidad de parques
urbanos y áreas verdes; avanzar en
los indicadores de conectividad y todos
aquellos relacionados con la penetración
de tecnologías de la información;
mejorar la percepción y las condiciones
de seguridad de la población así
como la administración de justicia;
profundizar la inserción internacional
de nuestra economía aprovechando
las oportunidades que ofrece la globalización
y mejorar el acceso de las personas a la
cultura y el uso saludable del tiempo libre.
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